La piel de la pintura, mi piel, se construye a base de capas superpuestas, cruzadas algunas veces, rascadas otras, tejiendo líneas y transparentando fondos, siendo escritura y huella digital de quien la pinta. La piel, porque la piel se pinta, la pinto o ella se hace sola, con el tiempo, con el aire, con la transparencia como instrumento, forma un tejido de interpretaciones, las surgidas por los distintos lugares donde sitúo la mirada. Tejido que es un espacio conceptual, un cuerpo de significados de un ir y venir de la pintura a la piel, a la sombra de las ramas sin hojas, a la escritura, a trazos y gestos de tinta sobre papel, a líneas que son mallas, marañas de Cajal, surcos en mi piel, células que no vemos pero que están ahí, viviendo por dentro; vistos al microscopio no tenemos rostro, se pierden sus formas.Y el espacio pictórico, entonces, anhela ser tridimensional, formado por marañas de líneas que se entrecruzan, viniendo de distintas direcciones, como un plato de espaguetis.


Palma, 13 de marzo de 2000- Octubre 2003

un cuadro no es un trabajo complicado
un cuadro no es una fotografía
un cuadro no es una copia
un cuadro no es mi cuerpo
un cuadro no soy yo
un cuadro no eres tú
un cuadro no es lo que pienso

un cuadro es un cuadrilátero
un cuadro es tiempo y espacio
un cuadro es su proceso
un cuadro es mi ambición
un cuadro es mi mano y mi ojo
un cuadro es un mundo

2004

Rescaté las caras de las personas, habitantes de la tierra, publicadas en la prensa diaria, tan semejantes y diversas, para una metáfora del mundo. Con este sentido las transferí a una tela y las trencé sobre un bastidor dando un mundo singular y universal, como el propio mundo. Volví a  presencia el alma perdida de las caras, visión de "los otros", sumadas unas con otras, entrelazadas, en un cruce de miradas, mosaico tejido por donde se asoman, caras ligadas y religadas por las manos que hacen, tejen y destejen y marcan un tiempo indisociable al ser. Manos y acción: representación de una temporalidad de la construcción de la metáfora. Serigrafiadas las manos de la autora y luego tejidas en bastidores representan la acción misma: autorretrato sin rostro. Manos miradas en la acción por los ojos de la autora que, sin verse, se ve en las caras de "los otros". Al saber que "el otro", el prójimo, está solo en su fondo como yo, voy hacia él, tan sólo manteniéndome en la misma verdad del estar aquí. A vosotros, siendo barro, os confiero alma sin cuerpo para libraros del horror de vuestras muertes; recuerdos de unas muertes o de unas vidas, cuerpos que fueron almas, ahora de barro son. Y restituyen sus imágenes en una metáfora de un mundo en donde la memoria de sus vidas, su imagen y su lugar se recuerden.

1998
"The Keynes Line" tiene su origen en la estancia en los talleres de grabado de la ciudad inglesa de Milton Keynes (una población que debe su nombre al poeta Milton y al economista Keynes), gracias a los programas de intercambio de la Fundació Pilar i Joan Miró de Palma.
El resultado de aquellos primeros grabados continuó en los talleres de la fundación en un trabajo de lúdica y agradable colaboración con Juan y Julio, los técnicos del taller.
Los grabados que forman la exposición, definidos por la línea y el círculo, están resueltos de una manera sencilla y directa, sin complicaciones técnicas, mediante serigrafía y xilografía, lo que me ha permitido una combinatoria en la estampación mediante la estampación repetida de una plancha en una sola estampa girándola y cambiando el color, usando el positivo y el negativo de una misma imagen.
La idea es tratar unos elementos simples con una cierta complejidad no aparente. Las líneas simulan marañas, cartografías, caminos o circuitos, pieles, espacios microcósmicos como tejidos celulares de organismos vivos, sugiriendo espacios vacíos e indefinidos cuyos límites estarían fuera de los márgenes del grabado. A partir de una primera plancha, siguiendo un proceso de combinaciones de color, rojo, negro o blanco y varias estampas, surge una nueva serie de estampas o una xilografía de mayor tamaño y de forma cada vez mas sintética. Las ediciones son por eso muy limitadas en número, pues el proceso del grabado lo utilizo por su propio lenguaje y no tanto por la multiplicación de las estampas. Es un trabajo que está entre lo único y lo múltiple.

1999
¡Ojalá se diluya la memoria!
no reconocer nada por su nombre,
disolverse en atención sin pensamiento,
no saber nada de las cosas,
vaciar de memoria la mirada ...
Está claro que vivimos tiempos en que los vocablos tienen que redefinirse para entender de nuevo su significado y en esta voluntad de redefinición de la pintura se encuentra la obra de Mercedes Laguens (Tarazona,  1953) "Piel de pinturas". La piel misma es el lugar de la aparición de un espacio y no es casual que sea entonces el lugar del sentir, y de la presencia del otro.No es que la piel constate la existencia de otro, sino que es el espacio que da lugar para que otro se acerque.  Mercedes Laguens pinta movida por un intento de olvidar los significados  depositados  que hacen aparecer al mundo como algo fijo y determinado, el camino que sigue tiene que ver con el intento de despojarse de los lenguajes conocidos para asomarse, tocar lo innominado. El recorrido que nos muestra esta exposición parte de un cierto distanciamiento  de la pintura que sin embargo irá mostrando el camino de su recuperación. Entramados, texturas, pieles abren el camino por el que puede moverse con profundidad el lenguaje pictórico .Los hallazgos encontrados en los grabados expuestos y editados en la Fundación Miró de Palma en 1999,  sobretodo en las  xilografías de estructuras simples  pero rotundas, de mallas, círculos y entrecruzados lineales , se mantienen en la obra pictórica y en los trabajos sobre papel, verdadero laboratorio de renovación del lenguaje. Los entramados serán algo así como la cifra de lo que enlaza, de lo que une cuando se ha traspasado el límite de la determinación individual (del individuo,  de la forma, de la cosa y la representación) .Las pinturas mantienen una economía de medios y un lenguaje austero, aunque sean obras muy trabajadas, donde los raspados en la pastosidad  del óleo y la superposición  de tramas, líneas.., descubren matices de color  que buscan el fondo, lugar posible  donde aparece lo nuevo, lo que aun no tiene nombre. Son obras de contemplación,  sutiles y a la vez densas y reflexivas.

2003
AUTORRETRATOS ( 1984-2002)

Es un conjunto de obras de diversos tamaños que van desde los 41 x 33 centímetros hasta los 146 x 130.

La pintura como autorretrato:
El autorretrato es rostro y pintura. La pintura sin rostro es también y quizà aun más, autorretrato. Sólo hay determinante cuando estan los tres elementos: el sujeto pintora, el objeto retrato y el mediador pintura. El autorretrato es, por tanto, la pintora como pintura.

El autorretrato como suceso:
Comienzo el primer autorretrato, pintura de mi rostro, en 1984 y desde entonces sigue creciendo el número de ellos hasta el año 2002 en que pinto el último con idea de continuidad. Este tiempo transcurrido, casi veite años, es un tiempo cronológico, pero el tiempo lógico no mira medida concreta porque es el necesario para hacer y entender esa realización, esa factura, esa fractura. En esta exposición, cuando he podido agrupar las pinturas, he entendido la importancia de ese tiempo necesario.

Frente al espejo nunca estoy definitivamente igual (¿lo soy quizás?) y ahí, en esta imposibilidad de autorretratarme, de cosificarme, siento que la obra no estará acabada hasta que yo ya no esté aquí. Nunca veré la obra finalizada

El autorretrato como fractal:
La colocación de la obra no tiene un orden cronológico. Los autorretratos están colocados junto a otras pinturas que he ido realizando a lo largo de estos últimos años, creando un todo a modo de cuerpo, de límites o contornos irregulares y que puede seguir creciendo orgánicamente, como un fractal. La colocación compacta da la posibilidad a la mirada de recorridos o secuencias semánticas que van cambiando y lo seguirán haciendo como una posibilidad: acercarse para conocer, distanciarse para ver la obra como algo unificado, ver la forma o ver el fondo, estar lejos y cerca… como la pintora cuando pinta (también autorretratos).

       Los últimos trabajos realizados a lo largo de los años 2000 y 2001 tienen en común la referencia al paso del tiempo y al lugar en el que éste sucede. Tratándose del trabajo de la pintura, el lugar es el estudio o taller. Las referencias a la pintura representativa, entendida como aquella que toma la realidad como algo que nos sucede y que representa nuestro mundo real, son evidentes.
       Unas obras tienen como tema las mondas de naranjas y limones que se van pudriendo con el paso de los días y que forman un grupo o serie de pequeños cuadros titulados Sin carne. Muestran, precisamente, lo que ya no se encuentra en lo representado; dicen por tanto la ausencia. También el cuadro titulado Zumo presenta los restos de unas naranjas exprimidas en un campo cromático coherente con su contenido. Son un ejemplo de realidad aparentemente cotidiana que, al ser observada con detenimiento y a lo largo de los días, se comporta como un mundo dramático con variación constante de forma y de color, pérdida progresiva de tamaño y cambio de posición. El poder mostrar juntos los distintos estados de este proceso centra la obra no tanto en la representación de unas formas como en el acontecer, en aquello que sucede y es porque se observa y se pinta; pero también es al mismo tiempo una referencia a las naturalezas muertas del Barroco y de Goya que es pintura de grises, color y pincelada suelta.
       Las escenas del taller son la representación del lugar en donde el tiempo y la pintura suceden con sus distintos momentos, intervalos o circunstancias. Son escenas que tienen como fondo otras pinturas de otros momentos acumuladas en las paredes del estudio que son por sí mismas tema para la pintura y que hacen referencia, de nuevo, al paso del tiempo, al cambio y a las distintas fases que tiene el proceso del pintar. Pero la forma de observar el estudio hace que la pintora sea sujeto y objeto a la vez porque se sitúa como observadora de sí misma y de su propia sombra sobre el lienzo que está pintando. La luz es un tema propio del Barroco y por ello también la sombra, que en el caso del cuadro La sombra roja representa lo ausente, lo que está fuera del cuadro, lo no representado pero que está en la escena. Es éste un caso de representación de una representación, porque la sombra es nuestra primera imagen, nuestro primer retrato. Tanto este cuadro como El momento del inicio tienen algo en común: lo ausente y lo que está a punto de ocurrir, el instante antes de comenzar algo, antes de manchar una tela con un color. No aparecen en la pintura pero están sugeridos sus lugares y sus tiempos. La complejidad que el conjunto de esas percepciones tienen en el espacio del taller en el transcurso de un tiempo que ocupa a la pintora en un hacer concentrado, todo esto, es la pintura.

febrero de 2001


Mercedes Laguens
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